[Entrevista Deepstack] René Lázaro: Las WSOP desde dentro

Por dentro

Nos metemos de lleno en la vida de un jugador profesional en Las Vegas durante las World Series of Poker. Y lo hacemos a través de la experiencia del jugador gijonés René Lázaro.

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El gran papel de Leo Margets en el Main Event de las WSOP 2025, sobre el que tantos ríos de tinta hemos escrito el equipo de redactores de Winamax desplazados a Las Vegas, nos ha dejado una resaca emocional difícil de igualar, y aún notamos su eco dos semanas después de que Michael Mizrachi levantase su octavo brazalete.

Durante aquellos días de competición, bastaba con recorrer el pasillo del Horseshoe rumbo a la sala principal para respirar la esencia más pura del póker. En esta última edición, 9.735 almas emprendieron su camino hacia un sueño. Entre ellas, una nutrida armada de jugadores españoles, la mayoría profesionales repartidos por distintos rincones del mundo, se reunió el 2 de julio bajo un mismo techo para disputar el torneo más emblemático del año.

Y es que el Main Event es una anomalía en el calendario, ya que su extrema dificultad solo es comparable a la recompensa que ofrece. Uno de esos pocos torneos capaces de cambiarte la vida, donde los 10.000 dólares de inscripción pueden parecer poco si consigues escalar hasta las últimas mesas. Y muy pocos en la historia pueden presumir de haber alcanzado la cima.

Pero más allá del Main Event, las WSOP encierran una constelación de más de 100 torneos que, durante mes y medio, convocan a jugadores de todo el mundo en la ciudad del pecado. Y más allá del glamour, los titulares y las cifras millonarias, queríamos explorar la trastienda:

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¿Qué significa, de verdad, viajar cada año a Las Vegas para un jugador profesional? ¿Qué lo motiva a regresar? ¿Cómo se planifica un viaje así? ¿cómo se controla la banca y cómo es el día a día? ¿Qué dinámicas se tejen entre los miembros de la comunidad de jugadores desplazados?

Para responder a todo esto, durante nuestra cobertura en las WSOP, entrevistamos a René Lázaro: jugador gijonés con más de una década de experiencia profesional, que ha vivido en varios países de Europa y que ha jugado regularmente todas las modalidades del Texas Holdem. Tanto es así, que ha jugado torneos por todo el mundo, desde países del sudeste asiático como Vietnam, pasando por varias ciudades europeas, norte de África y, por supuesto, Estados Unidos. Además, es especialmente conocido en la comunidad por liderar la iniciativa de las Subastas Solidarias, un proyecto que, desde 2020 y de forma ininterrumpida, ha movilizado a nuestra comunidad en favor de una buena causa.

Esta ha sido su quinta visita a Las Vegas para jugar las WSOP. En esta ocasión, su andadura en el Main Event terminó en el Día 3, pero René Lázaro ya sabe lo que es dejar huella en este torneo: en 2023 alcanzó un meritorio Día 6 y firmó un 83º puesto que le valió un premio de 92.600 dólares. Y no fue una edición cualquiera: por primera vez se superó la barrera de los 10.000 participantes, se coronó al campeón más premiado de la historia, y René logró colarse entre la élite tras clasificarse a través de un Expresso de Winamax.

A través de su experiencia, además de conocer más a fondo la figura de uno de los miembros de la comunidad más regulares en el circuito en vivo, conoceremos cómo es la vida de un jugador profesional durante esta época concreta del año. Una época que congrega en Las Vegas desde jugadores recreacionales en busca de cumplir un sueño, hasta leyendas del poker que saben lo que es ganar torneos hasta en el rincón más hinóspito del planeta, pero que aún así no han perdido el gusanillo que provoca jugar el evento más imprescindible del año.

Las WSOP desde dentro, con René Lázaro

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¿Cómo fueron tus comienzos en el póker en vivo y qué te llevó a dar el salto al circuito internacional?

Empecé jugando torneos en España y logré clasificarme online para el Estrellas Poker Tour, algo que por entonces veía como una experiencia inalcanzable. Tuve la suerte de conocer a Raúl Martínez, una persona clave en mis inicios, que confió en mí y me ofreció un bancaje. Gracias a eso, pude empezar a viajar y competir.

Hace ya unos ocho años comencé a viajar a América para jugar cash games. Mi primera vez en Las Vegas fue precisamente para eso. También tuve la oportunidad de jugar en Atlantic City, en el World Poker Tour. Tiempo después, me desvinculé del bancaje y jugué por primera vez el Main Event de las WSOP, justo en el último año en el que se celebró en el casino Rio. Desde entonces, salvo el parón obligado por la pandemia, lo he jugado todos los años.

Más adelante viví una etapa en la que pasaba entre cuatro y cinco meses viajando por Europa para competir. En ese tiempo jugué torneos en ciudades como Amsterdam, Bruselas, Rotterdam, además de destinos más lejanos como Vietnam y Marrakech.

Organización y planificación

¿Cómo organizas tu viaje a Las Vegas para jugar las WSOP? 

Este año fue un poco atípico porque, hasta un mes antes de que empezara la serie, no tenía claro si iba a venir. Lo normal, eso sí, es organizarlo con al menos dos meses de antelación: reservar el vuelo, el coche de alquiler y, sobre todo, la casa, esta última incluso antes, porque hay muchísima demanda y los precios suben rápido.

En cuanto al póker, suelo planificar el viaje en función del calendario de las WSOP. Por ejemplo, este año tenía pensado llegar a finales de mayo, justo cuando arrancan, y quedarme hasta el Main Event. Tenía el vuelo de vuelta reservado para el día 12, calculando que podía alcanzar el Día 5 o Día 6 del torneo. Si avanzo más lejos, cambiar el vuelo es el menor de los problemas.

Dicho esto, una vez aquí, soy bastante flexible. Me adapto sobre la marcha al calendario, a cómo me siento o cómo estoy rindiendo. No soy de seguir un planning estricto, aunque sí me gusta tener una idea general antes de llegar.

Y por mucho que lleve años viniendo, todavía me siento como un niño pequeño cuando estoy aquí. Abro el calendario y me brillan los ojos, porque cada día hay torneos increíbles. Incluso los eventos diarios más pequeños en cualquier casino son mucho mejores que la media de torneos que puedes encontrar en casi cualquier otro sitio. Las Vegas sigue siendo otro nivel en ese sentido.

¿En qué ha cambiado tu manera de planificarlo desde que empezaste? ¿Hay algún error o fallo en la planificación que ya no cometas?

Con el tiempo he aprendido a evitar ciertos errores, si se les puede llamar así. Por ejemplo, cuando empecé, estaba bancado, y muchas decisiones no las tomaba yo solo. No es que me impusieran nada, porque el trato no era jerárquico, pero sí es verdad que muchas cosas venían marcadas por quien me bancaba. Eso también me sirvió para aprender a moverme, a organizar viajes y a perder el miedo a todo lo que implica venir a jugar aquí: desde coordinar la logística hasta asegurarte de tener el dinero necesario para jugar.

Esa experiencia fue clave. A partir de ahí he podido adaptar todo a mi manera, porque soy una persona bastante organizada y me gusta tener todo bien controlado antes de venir. De hecho, recomiendo empezar bancado cuando estás dando los primeros pasos como profesional en el mundo del poker en vivo. Además de ayudarte con el bankroll, te sirve como una especie de guía para mantenerte dentro de unos márgenes. Y ya sabemos que hay muchas tentaciones en un sitio como Las Vegas… así que es algo importante a tener en cuenta.
 

“En Las Vegas, incluso los eventos diarios más pequeños de cualquier casino son mucho mejores que la media que puedes encontrar en casi cualquier otro sitio.”
 

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Bancaje

En Las Vegas se suelen jugar torneos con un buy-in más alto de lo que puede permitirse el profesional medio, y el mundo del bancaje es algo habitual entre jugadores. ¿Cómo gestionas tú este proceso?

Lo que suelo hacer es vender parte de mis acciones, pero no a otros jugadores o gente del circuito, sino a personas de mi entorno más cercano y de confianza, aunque no estén vinculadas al póker. En mi caso preparé un paquete general que incluía todos los torneos que tenía previsto jugar durante las series en Las Vegas, pero sin entregarles una lista cerrada. Les expliqué el plan general, y ellos confían plenamente en que tomaré buenas decisiones sobre el calendario. Por eso la confianza es fundamental.

Vendo un porcentaje muy pequeño, y solo a gente muy próxima. De hecho, tengo un grupo con varios amigos fuera del póker que tienen una parte simbólica de mi acción. Es una manera de compartir el viaje con ellos, hacerlos partícipes de la experiencia sin que represente un riesgo económico relevante.

Convencer a gente que está fuera del póker, que muchas veces concibe este mundo como algo puramente azaroso, debe de ser más complicado que hacerlo con alguien de dentro. ¿Te costó al principio?

Sí, al principio me daba bastante respeto planteárselo, pero con el tiempo me di cuenta de que la gente lo entiende mejor de lo que imaginamos. Al final, son cantidades muy pequeñas y la mayoría de los que participan tienen trabajos estables y pueden asumir sin problema ganar o perder esa inversión. Además, les hace ilusión sentirse parte del viaje.

Mis padres también tienen un pequeño porcentaje, y para mí eso tiene un valor muy especial. Es una forma de incluirlos en mi vida profesional, de hacerles ver que esto no es un mundo tabú. Sé que no siempre es fácil para unos padres entender que su hijo se dedique al póker, pero yo siempre he tenido una relación de confianza con ellos y me han apoyado mucho. Involucrarlos, aunque sea con una pequeña parte, es una manera simbólica de devolverles esa confianza.

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¿Y qué hay de los swaps? ¿Has recurrido a este método en un torneo como el Main Event? ¿Cómo funciona exactamente este proceso entre jugadores?

Sí, también suelo hacer swaps, o lo que es lo mismo, cambiar porcentaje de mi acción con otros jugadores. Es una práctica muy habitual entre profesionales porque ayuda mucho a reducir la varianza. No estás renunciando a beneficios: en realidad estás comprando una parte de la acción de otro jugador, y viceversa, lo que te permite diversificar.

En el caso del Main Event, es aún más habitual. Por la estructura, la duración y la expectativa que genera, muchos jugadores invierten más de lo que normalmente estarían dispuestos. Una de las posibilidades interesantes es hacer swaps durante el propio torneo, cuando ya estás en premios. 

Si llegas, por ejemplo, al Día 4 y ves que tú y otro jugador tenéis stacks similares, puede ser buen momento para proponérselo. Eso reduce aún más la varianza, porque ya no estás partiendo desde cero, sino desde una posición avanzada. Lo he hecho en varias ocasiones: en el Día 3, Día 4… Me acuerdo especialmente de una vez en la que me escribió Sergio Aido por WhatsApp y me propuso cambiar un 2%, un 3%... Me dijo cuántas fichas tenía, comparamos, y lo cerramos así, de palabra. De hecho, esa fue la primera vez que hacía un swap.

Eso sí, esto trato de hacerlo con gente de confianza, que sepa que va a cumplir con su palabra. El tema fiscal también influye. A veces he rechazado swaps por posibles complicaciones con los impuestos. Al final, si llegas lejos y hay cobros importantes, puede haber lío si la otra persona no es rigurosa. Por eso, solo cambio con jugadores en los que confío al 100 %, y con quienes sé que, si surge cualquier problema, van a ir de cara.
 

“Tanto el bancaje como los swaps te permiten diversificar y reducir la varianza. Trato de hacerlo solo con gente de confianza.”
 

Gestión de banca

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Ya has conseguido construir una banca que te permite jugar torneos en vivo con cierta estabilidad. Sabemos que en vivo la varianza es mayor, porque el volumen de juego es mucho menor. Entonces, ¿cómo enfocas tú ese tipo de competición en lo que refiere a la gestión de banca? ¿Qué filosofía tienes al enfrentarte al póker en vivo? ¿Lo ves como una parte igual de profesional que el online, donde quizás tienes más ventaja y puedes materializar mejor tu EV? 

Mi banca es única, no la separo entre juego online y en vivo. Lo que sí cambia, lógicamente, es el tipo de torneos que se juegan en cada formato. En vivo los buy-ins son, por lo general, más altos, pero también juegas menos volumen y menos mesas. Es algo que se compensa.

Por ejemplo, una sesión online puede tener 15 o 20 torneos en paralelo, mientras que aquí en Las Vegas puedes jugar solo uno al día. Eso hace que cueste más materializar tu equity a corto plazo, pero también es cierto que los ROIs, aunque siempre sean estimaciones subjetivas, tienden a ser más altos en vivo que online. Esa diferencia también juega a tu favor.

Yo trato de mantenerme dentro de banca, aunque lo que cada uno considera "dentro de banca" es también una decisión personal. En mi caso, sí que creo que en vivo tiene sentido jugar, en ciertas ocasiones, un poco más alto de lo habitual, porque el impacto de un solo buen resultado puede cambiarte la situación de forma significativa, algo que rara vez pasa online.

Mientras el dinero que llevas destinado al viaje no comprometa tu estabilidad al volver, me parece inteligente (e incluso a veces necesario) asumir ese pequeño extra de riesgo. Siempre desde una gestión responsable, claro, pero entendiendo que el póker en vivo funciona con otras dinámicas y tiene su propia lógica de rentabilidad.

Supongo que también influye que en el hecho de venir a Las Vegas exista un componente emocional, más vinculado a la experiencia, al contacto con la comunidad o al disfrute del juego en sí. 

No solo eso, venir a las World Series me ayuda a recuperar la ilusión por el póker. Para mí, este viaje tiene algo muy especial. Siempre lo digo cuando hablo con amigos: somos unos auténticos privilegiados. Venimos aquí durante casi dos meses, y encima nos pagan, en cierto modo, por hacer lo que más nos gusta.

Obviamente, no son unas vacaciones al uso: este año habré jugado más de 300 horas. No me he pasado los días en la piscina. Pero, aun así, lo vivo como una experiencia profundamente gratificante. Es un entorno en el que sigo sintiendo pasión por cada mano, por cada torneo.

Si me hubieran dicho cuando tenía 18 años que algún día estaría aquí, en Las Vegas, compitiendo en las World Series, no me lo habría creído. Para mí, esto sigue siendo un sueño cumplido.
 

“Venir a las World Series me ayuda a recuperar la ilusión por el poker. Somos unos privilegiados por poder vivir de lo que más nos gusta.”
 

Mentalidad y rutinas

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300 horas son muchas horas, especialmente en torneos largos como el Main Event donde puedes estar jugando 12 horas al día. ¿Qué tipo de rutina mental y física sigues? ¿Prefieres desconectar en los tiempos muertos o aprovechar para hablar de póker con la comunidad? ¿Qué hábitos sigues para mantener el enfoque y la mentalidad durante estas jornadas tan exigentes?

Desconectar del póker aquí es bastante complicado. Aunque no estés jugando, siempre hay un jugador cerca y la conversación acaba yendo hacia manos o estrategias. Además, la información corre todo el rato: alguien hace deep run, pasa alguna noticia por un grupo de WhatsApp… Mi cabeza durante estos dos meses casi solo piensa en póker.

Aun así, trato de cumplir ciertas rutinas básicas que me ayudan mucho. Por ejemplo, dormir mínimo 6-7 horas, a veces hasta 8, y en general lo he conseguido mantener bien. Voy al gimnasio 3-4 días por semana, lo cual es clave para aguantar físicamente. También cuido mucho la alimentación: me traje comida para los descansos y cenas porque aquí comer sano es complicado, pero sé que es fundamental para mantener el rendimiento.

En cuanto al ocio, juego pickleball con gente de la comunidad; llevo ya tres años con esa rutina. Es al aire libre, suele jugarse en parques, normalmente por la mañana temprano o al atardecer y lo disfruto mucho. Suele ser en la última hora del día, justo después de bustear en un torneo, así que es una buena manera de desconectar y estar activo. También suelo ir a los outlets de compras, algo típico entre los regs aquí, y poco más...

En años anteriores, he aprovechado para hacer turismo, como ir al Gran Canyon o visitar la presa Hoover, y lo recomiendo mucho para desconectar de verdad y recargar energía.

“Para mí, dormir mínimo 6-7 horas, 3-4 días de gimnasio y cuidar la alimentación es algo fundamental.”

Relación con la comunidad 

Más allá de ser las series más importantes del mundo, las WSOP también son un punto de encuentro para la comunidad. En el día a día del póker online pasas muchas horas delante de una pantalla, ves nicks pero no ves personas. Aquí, en cambio, todo se vuelve más humano: le pones cara a la gente con la que hablas por Internet, compartes experiencias... ¿Cómo vives tú ese encuentro con la comunidad en Las Vegas?

De hecho, te diría que tengo hasta casi “amigos de WSOP”, gente a la que solo veo aquí, en Las Vegas. Llevamos viniendo varios años, y al final muchas caras se repiten: jugadores con los que igual no tienes contacto durante el resto del año, pero cuando llegas aquí, es como reencontrarte con alguien cercano. Me hace ilusión. Además, yo suelo venir con amigos con los que comparto casa, y ahí también se genera una convivencia muy especial: por las noches comentas la jornada, compartes reflexiones en el sofá, en la terraza... Se crea mucha piña.

Y luego están los encuentros improvisados en los descansos: siempre te cruzas con alguien y te pones a charlar. Es una parte muy buena del verano. Ves a personas que quizás no volverás a ver hasta el año que viene, y también conoces a otras nuevas, incluso de fuera de España, con las que conectas y acabas haciendo cierta amistad.

También está la típica situación de coincidir varias veces en la misma mesa con un jugador durante el verano y acabar generando un vínculo. O conocer españoles a los que no habías tratado nunca y de repente compartir experiencias con ellos aquí. En resumen, Las Vegas tiene eso: que hace que un juego tan individual como el póker se convierta en algo colectivo, incluso comunitario.

Eso sí, este sitio es tan grande, y hay tantísima gente, tantos torneos, tantos casinos… que hay muchos españoles con los que tengo buena relación que me entero al volver a casa de que hemos estado durante un mes en la misma ciudad, jugando al mismo juego y ni siquiera les he visto.

Antes vimos a Tony Rastas con una leyenda como Erik Seidel en la misma mesa del Main Event. ¿Tú cómo lo vives? ¿Qué se siente al competir contra leyendas como Seidel, Liv Boeree, Phil Hellmuth o Daniel Negreanu? ¿Impresiona, motiva, o se convierte en rutina con los años?

Al principio, claro que impresionaba más. El primer año vienes y lo flipas, ves a gente que has seguido por la tele y piensas: “Estoy jugando contra ellos”. Pero con el tiempo lo empiezas a ver más como un trabajo. No es que ya no me haga ilusión, pero sí que he perdido esa mitificación. Ahora mismo, si me toca uno de estos en la mesa, pienso: “Bueno, ni tan mal”. Incluso a veces prefiero que me toque uno conocido que a un random sin información.

Aun así, hay momentos que siguen siendo especiales. Por ejemplo, vi a Liv Boeree el otro día y me hizo ilusión, porque fue una de mis referentes cuando empecé. Lo mismo con Negreanu o Ivey. Son leyendas, y claro que siguen imponiendo. Lo que pasa es que no me ha tocado todavía con ninguno de los más míticos. Tengo esa espinita. He jugado con algún histórico, como Scotty Nguyen, pero no con los más top tipo Negreanu. En el Main siempre puede pasar, eso es parte de la magia.

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René Lázaro compartiendo mesa con Scotty Nguyen en 2022

Sumergiéndonos en el deep run de 2023

Vamos con ese deep run en el Main Event de 2023. Para los que no lo sepan: llegaste al Día 6 y terminaste en la posición 83, cobrando 92.600 dólares. Y además te clasificaste a través de una promoción de Winamax, ¿no es así?

Sí, exacto. Fue con la promo de los Expresso. Me jugué varios de 25 € durante 2 o 3 días seguidos, pero vi que había bastante varianza y muchos regulares, así que dejé de intentarlo. Y justo en uno de los últimos me saltó el “gordo”, el que daba el paquete para Las Vegas. Me acuerdo perfectamente que lo gané con un bad beat.

La verdad, ya sabía que iba a venir igualmente, así que no me cambió demasiado la planificación, pero siempre mola clasificarse así, con el paquete ganado. Es como una motivación extra.

El torneo: ¿Cómo lo afrontaste desde el inicio? ¿Te esperabas llegar tan lejos? Y luego, ¿cómo fuiste viviendo todo el recorrido?

Era mi tercer Main Event y hasta entonces no había hecho ni un solo ITM, así que llegaba con muchas ganas, pero con la mentalidad de tomármelo con calma. Sabes que es un torneo muy largo, donde lo más importante es tener paciencia. Siempre tienes esa idea de que el Día 1 es más de posicionarte que de arriesgar y que bustea muy poca gente.

Pero a los 20 minutos de sentarme ya había perdido medio stack… Y en menos de una hora, otro 20%. Me acuerdo perfectamente de una mano: había hecho un squeeze y terminé apostando de farol con lo que me quedaba. Por suerte tiraron la mano al river. Pero si no lo hubieran hecho, me habrían pagado y me iba fuera. Estuve, literalmente, a una carta de bustear en el primer nivel. Todo ese plan de ir tranquilo se podía haber ido al garete en nada.

Además, tuve una mesa muy loca. Normalmente bustean uno o dos por mesa en el Día 1, pero en la mía se fueron nueve. Al final terminé el día como segundo en fichas de mi mesa.

En el Día 2 y Día 3 fui todo el rato por encima de la media, sin grandes sobresaltos. Y en el Día 4 me tocó la peor mesa de todo el torneo. Fue el tramo más complicado, hasta que llegó un cooler a favor: ases contra reyes. Ahí gané un bote gigante y me puse montadísimo. Fue un punto de inflexión total.
 

“Estuve, literalmente, a una carta de bustear en el primer nivel.”
 

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Estelle Couhet, Alejandro Pérez, Jose Aguilera, René Lázaro y Juan Maceiras. En la foto de los 5 españoles clasificados al Día 6

¿Cómo viviste el busto en el Día 6 al estar tan cerca de los puestos gordos?

El busto fue en guerra de ciegas, con K-J contra K-9. Nada especialmente épico, un bote de unas 30 ciegas. Pero bueno, esas también hay que ganarlas. Forma parte del juego.

Más allá de eso, me quedo con lo que significó todo el torneo. No hay muchos eventos que duren seis días y te mantengan con esa ilusión, con esa energía. Más allá del dinero, fue una experiencia muy especial, de esas que sabes que vas a recordar toda la vida. Me sentí muy agradecido por haberla vivido. Cuando lo juegas, cada año te preguntas si podrás superar lo que hiciste el anterior.

Recuerdo que justo después del busto estaba por allí Lucía Navarro, creo que también Muckedboy, y me acuerdo de estar hablando con ellos en plan: “Bueno, nada, me voy a apuntar al siguiente”. Porque sí, es una putada quedarte fuera, pero si normalmente juego torneos de 1.000 y te haces un deep run en el de 10.000... eso es runear de locos. No puedes quejarte por bustear. Al revés, has tenido una suerte tremenda de haber llegado tan lejos.
 

“Fue una experiencia muy especial, de esas que sabes que vas a recordar toda la vida. Me sentí muy agradecido de haberla vivido.”

¿Alguna anécdota especial que te haya dejado aquel Main Event?

Me pasó algo curioso después, en Marrakech. Estaba jugando un torneo y tenía sentado al lado a un chico cuya cara me sonaba, pero no sabía de qué. Resulta que era un reg francés-marroquí, que ahora conozco mejor, y me dice: “Tú no te acuerdas de mí, ¿no?”. Y yo: “Pues no, la verdad”. Y me suelta: “Del Main Event en Las Vegas, en la burbuja”.

Yo pensaba que se refería a alguna mano importante, tal vez la de ases contra reyes. Pero no, él hablaba de una mano mucho más concreta: me hizo all-in a unas 15 personas de entrar en premios, yo estaba en ciega grande e hice como que iba a pagarle, le puse cara de drama... y foldeé. Fue una broma, un gesto sin más, pero él tenía jotas y me dijo que casi le da un infarto, que aún se acuerda del susto. Y mira, ahora cada vez que nos vemos nos saludamos con buen rollo por aquello. Es curioso cómo algo que para ti puede ser tan insignificante a otra persona le puede quedar grabada. Es algo que también representa lo especial que es este torneo para todo el mundo.

Para terminar, antes me decías que venir a Las Vegas es un chute de energía que incluso te hace recuperar la ilusión por el póker. ¿Cuál es tu motivación para venir a la ciudad del pecado año tras año?

Sin ninguna duda, ganar un brazalete. Para mí, la motivación económica no es lo principal. No voy a salir aquí a decir que no quiero ganar dinero, ni mucho menos, pero lo veo más como un medio para poder conseguir un brazalete Cada vez que vengo, recupero esa motivación que a veces se pierde después de mucho tiempo jugando y estudiando, porque el póker puede llegar a ser duro durante años.

Hay gente que viene aquí y dice que está hasta los huevos de tanto poker. A mí me pasa lo contrario: venir a Las Vegas me recarga las pilas, me da ganas de estudiar más, de jugar mejor, de volver el año siguiente con más fuerzas y con la meta clara de ganar ese brazalete.

Este verano, por ejemplo, ha sido probablemente el peor en cuanto a resultados, pero aun así me voy muy feliz y con más ganas que el primer día que llegué. De hecho, ahora tengo incluso más ganas de volver y ganar ese brazalete que cuando vine por primera vez.

“Mi mayor motivación para venir año tras año a Las Vegas es ganar un brazalete.”

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¿Caerá en 2026?


Jonás Fernández

En el póker y en la vida, cada jugada cuenta.