[Blog] Unas WSOP para el recuerdo (6ª parte)

Por dentro

[Blog] Unas WSOP para el recuerdo (6ª parte)

En capítulos anteriores... Tan solo quedan 237 almas en liza en el Main Event de las World Series of Poker y el chip-leader es un tal Romain Lewis. ¿Logrará el galo que no se le atragante la cena en este Día 5? 

Un retuit y cierro todo. Desconecto del mundo exterior. Steph ya me espera para llevarme a la villa. Me doy cuenta de su cara de satisfacción, fruto de la excitación que viviremos juntos durante el dinner-break. Mientras picamos algo el coach me comenta algunas anécdotas de su carrera como tenista. Sabe que ponerse ahora a hablar de póker no tiene mucho sentido, aunque no llego a saber si hace como el que está ocupado con su teléfono o si realmente está ocupado y directamente no hablaremos de póker durante el descanso. Ahí radica la gran diferencia entre un preparador y una persona ordinaria. Cualquiera se pondría a atosigar con preguntas sobre el desarrollo del torneo. Yo mismo lo haría con un colega, así que tomo nota de lo que hay que evitar.

La verdad es que estas pausas me relajan mucho. Aprovecho para dar algunos largos en la piscina y así refrescarme un poco, ya que el calor aprieta bastante. Steph me avisa de que nos quedan quince minutos para salir. Por el camino de vuelta aprovechamos para repasar algunas instrucciones: paciencia, rigor y aceptación. Me limito a guiñar el ojo como símbolo de aprobación…, ¿pero estoy realmente confiado? ¿Para qué guiñar un ojo cuando normalmente significa agradecimiento? ¿Quiere decir algo? Intento no comerme mucho el tarro; lo que importa son las acciones.

¡A full!

Cruzo al español que eliminé justo antes del dinner-break. Tiene pinta de estar deprimido. No consiguió sacarle partido a sus dos Jotas con un board 6-2-2-5-4. Yo resubí de 75k a 280k en ciega pequeña. Después aposté 150k, 375k y 1.2 M. Seguro que tarda en olvidar el bote. Faltan cinco horas de juego para el Día 6. Ya hace tiempo que pasamos el ecuador del torneo. Me siento en mi mesa y dijo mi mirada en el color up. Los organizadores del torneo han introducido las oversize chips rojas y blancas de 500.000. Las Vegas tiene un color especial. Antes solo veíamos este tipo de fichas en la final. Tendré la suerte de conocer su tacto y eso enorgullece al pequeño soñador que habita en mí. Al mezclarlas me acuerdo de mi amigo Willy. Fue él quien me enseñó la técnica del shuffle. Tratábamos de imitar a los protagonistas de las emisiones de ESPN. Tengo la impresión de que fue ayer. Siento la nostalgia. Da vértigo, pero al mismo tiempo emociona. Aunque ahora toca centrarse en mi objetivo principal: vivir este presente mágico.

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Q-9 emparejado. Una mano bastante buena para resubir. El español de la ciega grande defiende. Me consta su agresividad. El flop no está tan mal: 9-5-5. Opto por un c-bet y mi adversario check-raise a 210.000. En este tipo de spots normalmente pago, pero al final decido resubir un poco. Sobre todo, contra un stack de 2 millones. No podrá volver a subir con un farol ni tirarse con un proyecto de color si tenemos en cuenta lo que le ofrezco.

Además, en este torneo no se suele llegar a la tercera apuesta en el flop. Sí, estoy casi seguro, no irá de farol. Respiro. Vamos. Pide al crupier que confirme si es realmente una resubida. “Three seventy”, asegura el dealer. Completa los 160.000 restantes. El bote comienza a crecer y mi corazón lo siente. Otro 9. Me llevo la mayoría de sus manos en el flop. Es una carta venida de otro planeta casi. Mi contrincante golpea la mesa. Podría intentar ir a por todas contra un full inferior, pero lo cierto es que tiene todavía bastantes faorles. Checkeo. La última carta es un 7. Parece que va a apostar. Genial. Un buen montón de fichas verdes. 500.000 deben valer. La apuesta representa un poco más de la mitad del bote. Solo me gana el póker de 5. Es mi turno. No creo que vaya de farol, pero nunca se sabe. Me lo pienso durante tres largos minutos. Lo normal es que pague con póker de 5, así que estaría bien ver sus cartas… Voy a intentar apropiarme de su último millón: “All-in”, grito al estilo de un episodio de Poker After Dark. Devuelve sus cartas sin pestañear.

Suena la campana. Llevamos jugando desde las diez y tenemos veinte minutos de descanso. Voy a estirar las piernas un poco en el sitio de siempre. Allí están mis compañeros de piso Arnaud y Arthur. El primero lanza: “Wow. Por tu manera de andar ya sé que tienes una montaña de fichas”. Río y respondo: “Sabía que lo llevaba escrito. ¡Nueve millones!”.

"You got it"

romain lewis
Último tramo de la jornada. Sé que todavía queda mucha tela por cortar. Una nueva mesa repleta de fichas. La adrenalina se hace notar. Sin necesidad de llegar al river me llevo los cinco primeros botes de esta nueva mesa. Las manos se suceden y sigo enrachado. Supero la barrera de los 10 M. 11 M. Cuento de nuevo: 12 M. No debo andar muy lejos de la cabeza. ¡Es de ensueño! El ritmo de eliminaciones se ralentiza y el contador indica que quedan 130 jugadores en liza. Ya me ha asegurado 59.295 $. No obstante, mi objetivo sigue siendo entrar en la mesa final. Jugar por los millones. Parece cerca, aunque los primeros síntomas de cansancio también. Cuando uno está fatigado resulta difícil concentrarse. Permanecer en el presente.

Dama-jota despajada y hablo primero. Tradicionalmente me tiraría, sin embargo, decido resubir. Pagan solo a mi izquierda y en el botón. Flop: Rey-Rey-10. Decido apostar el mínimo, una ciega. Es la primera vez que lo hago en esta mesa y me encanta el efecto sorpresa que este tipo de apuestas provoca. Los dos pagan rápidamente. Lo más seguro es que no lleven ningún rey, así que podré apostar alto en la mayoría de los turns. Hago una pareja. Una Jota. Ambos pueden llevar As-Dama. No puedo apostar. Me tomo un tiempo antes de golpear la mesa. Si uno de los dos apuesta seguramente me tire. Mi equidad es demasiado débil. Finalmente, checkean. Creo contar con la mejor mano. River: 2. Apuesto un poco para sacar valor, un 20 % del bote. Mi adversario situado a la izquierda se lo piensa. Durante bastante tiempo. Hay 8 millones de fichas delante de él. Al final apuesta un cuarto de su stack. Dos millones. Una pasada si tenemos en cuenta el bote. Se me pasa por la cabeza devolver mis cartas, pero quiero saber de qué rollo va el villano.

Me aguanto y empiezo a darle vueltas a la situación. Creo que nada tiene sentido. Solo veo una mano. ¿Póker de reyes? Pareja de dos también. Incluso con As-Dama no apostaría tanto. No en este torneo. Lo habría hecho en el turn… Le miro y me doy cuenta que su carótida late de manera anormal. Es una decisión importante y quiero tomarme mi tiempo. Espero algunos minutos para ver si se calma. Desde el principio me dije que no es una cita para hacer hero calls. Pero frente a este americano treintañero quizás sea una buena opción. Debe de medir un metro y noventa centímetros. Igualar me tienta. Creo que es lo correcto. El silencio reina en la mesa desde hace más de cinco minutos y no logro aclararme. Casi nadie farolea a estas alturas del torneo. Vuelvo a mirar su carótida y me doy cuenta que late incluso más rápidamente que antes. Pago. Él golpea la mesa. “Nice call”, me dice mientras me enseña un As… y una Jota. ¿As-Jota? Pierdo. Un sentimiento de enorme frustración me invade. Incluso tiemblo. “You got it”, murmuro asqueado. Queda una hora y treinta minutos; mis adversarios toman nota de lo que acaba de suceder.

Subida. 1.5 M. Mi ritmo cardíaco sigue acelerándose. Son las doce y media. La ansiedad me puede. Voy de farol en el turn. No conozco mucho a mi adversario al margen de que es un cincuentón amateur inglés que se piensa mucho cada movimiento. Tengo proyecto de escalera de color y de color, por lo que mi objetivo a corto plazo es conseguir derribarle de su top-pair. Si iguala habrá 5 millones en el bote y solo le quedará 3.5. No sé si faroleará en el river. Sería catastrófico para mí si pierde su stack. "I don’t believe you, but I fold", suelta. Menos mal.

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Tan solo quedan 116. El Día 6 se acerca. Me pido una birra. Las cinco últimas manos de la jornada se suceden rápidamente sin pena ni gloria. La tensión se reduce. Brindamos y charlamos. Es el momento de llenar las bolsas de plástico. “10.800.000” pongo en la mía. Abro el móvil y me entero que Iván Deyra está todavía vivo en el 3.000 $ full-ring. Él y once más. Increíble. Qué jugador. Qué regularidad. No deja de sorprenderme. Espero que vivamos juntos los días más importantes de nuestras carreras. Pido un Uber y de vuelta a la villa. Ahora toca evadirse en la medida de lo posible. Pero la sensación está ahí. Es la esencia del póker. Por esto jugamos. Mañana... Mañana será un honor estar entre los clasificados. La tensión está asegurada.

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Con Grégoire Auzoux (a la izquierda) y Benjamin Souriau (a la derecha), los otros franceses clasificados para el Día 6.

Un nuevo día

Me levanto con el sol. Estoy en el Día 6 del Evento Principal de las World Series of Poker. Quedan 108 jugadores en liza. Mi primer sentimiento mañanero es de alivio porque he logrado pegar ojo algunas horas. Eso sí, mis ojos no alcanzan a ver la levedad que siento internamente. Esta ligereza se eclipsa momentáneamente cuando mi corazón se da cuenta de la realidad. Conectado íntimamente con mis pulmones y sistema nervioso, ha sufrido en primera persona los vaivenes del torneo. Con respecto a mí podríamos decir que soy una mezcla de todo: recuerdos, promesas, pensamientos. Necesito aparcar todo y concentrarme en el ahora y en el naipe. Afortunadamente no estoy solo. En cuestión de dos horas Stephane estará a mi vera. Sé que mis buenos resultados en las pasadas WSOP son en gran parte gracias a su presencia. Me siento afortunado de estar acompañado por un deportista profesional durante las citas más importantes del calendario. Siempre podemos contar con él, tanto para salir a comer como para jugar el beer-pong.

main event
No se debe cambiar un equipo que gana, así que tampoco se debe hacer con las palabras que ganan. Ni el orden. Paciencia, rigor, aceptación. Todavía quedan varios jugadores de renombre con fichas. Pienso, por ejemplo, en Alex Foxen, Sam Greenwood o Antonio Esfandiari. Le explico al coach que el rigor me flaqueó en el último nivel del Día 5, algo que me costó un buen bocado en mi stack. Para hoy lo más importante es ser consecuente. Desde que me he levantado no paro de recibir mensajes y vídeos de mi familia. Están igual o más emocionados que yo. Si todo va bien muchos de ellos pondrán rumbo a Las Vegas. No me imagino una final en las Series Mundiales sin la presencia de mis seres queridos. Pero todavía quedan veinte horas de puro naipe para eso. Y en eso intento focalizarme al entrar al Río, cuyas salas se vacían poco a poco. Huele a final de verano. Es la hora.

La primera mano que recibo, Rey-4 emparejado en UTG, aunque la leo mal, termino llevándomela. Top pair. Genial. Y ahora, color flopeado: mi corazón me lo hace saber…. Decide tirarse en el turn. Una pena. Y después… Wow. Tan solo han pasado treinta minutos desde el comienzo de la partida y el colega se tira un farol yendo all-in. Los tiene grandes. Había abierto K Q en posiciones tempranas y éramos cuatro para ver el flop As-Rey-4. Fui el único en pagarle su apuesta de continuación con A 2. El turn, un 8, abre mi proyecto flush max. Apuesto casi lo del bote. Tras ver un 7 en el river no voy a un all-in que representaba un poco menos de la mitad de mi stack. Puede estar orgulloso de él. Es un farol bien tirado. Me digo: “Si la última carta hubiera sido un color ahora mismo estaría chip-leader con más de 20 millones de fichas”. Una pasada. Es una voz que me martillea desde mis primeras semanas en la Ciudad del Pecado. El inicio se resuelve rápidamente y llega la primera pausa de la jornada. Mi stack ha oscilado entre los 13 y 8 millones, pero al final se ha quedado en 9 millones. Un poco por debajo de mi stack de salida del Día 6.

Al volver del descanso recibo como caído del cielo dos ases. Resubo a 250.000 y las ciegas me pagan. El flop es K-Q-5 con un proyecto de color. Opto por apostar un poco más que de costumbre (575.000). El primer jugador paga y el segundo se echar para atrás. El turn es un dos, que no cambia mucho. En circunstancias normales seguiría apostando para sacarle valor al bote, pero estamos en el Main Event y nada me garantiza que mi contrincante me vaya a seguir el ritmo. La última carta es también bonita: un 2. Doble pareja ahora. Puede farolear o valorizar una mano como Rey-Dama o dos parejas inferiores. De cualquier manera, yo seguiría por delante. Parece interesado ¡All-in por 1.575.000! Lo pago. Me enseña una pareja de 5. Full house. Me esperaba de todo menos eso. Vaya bajón. Me quedan siete millones de fichas.

El hundimiento

Es el momento de cambiar mi estrategia y de ser más paciente. Pasa una hora sin que ningún turn aparezca y consigo un millón extra, así que fueron unos buenos sesenta minutos. Pero reina un ambiente extraño. Un jugador bastante tight resube con 11 ciegas efectivas en cut-off a mi ciega grande. Me parece bastante raro. Había ido all-in varias veces antes. Creo que lleva un monstruo. AQ. Wow. No sé qué hacer. En otro momento iría all-in, pero ahora no sé qué hacer. Tengo la impresión de que lleva una pareja de ases. Es de lejos el jugador más conservador con el que me he enfrentado últimamente. Nadie me obliga a ir all-in. Pago. Flop: 8-5-3. Apuesta y yo me tiro. Le muestro mi mano para intentar ver sus cartas, pero no parece convencido y se cierra en banda. Todo el mundo se parte. Nunca sabremos si hice bien o mal.

Resubida en posiciones intermedias. Llevo K 10 en el cut off. Pago y somos dos para ver el flop. Le miro fijamente. Quiero saber qué lleva. El flop cae. Parece que lleva una mano correcta apuesta un poco más que su resubida preflop. Giro la cabeza en dirección del board y me llevo una sorpresa: Dama-5-3 de tréboles. Es mágico. Me tomo un minuto. El amigo no se mueve. No tiene pinta de ser un jugador que foldee As-Dama o Rey-Dama aquí si le pido todo su plástico. Además, tampoco creo que sea el típico jugador que apostará faroleando. Voy a intentar algo nuevo. Miro al crupier y anuncio que quiero todo ahora: “’I’m all-in”. Se levanta, mira sus cartas y tira un buen puñado de fichas en el medio de la mesa. Es un bote elefantiásico de más de seis millones de fichas. Juega sus últimos tréboles…  ¿Lleva as-rey con el as de tréboles? Está de gambling… Dos segundos más tarde mis esperanzas se desvanecen: el cuarto trébol cae, o lo que es lo mismo, todo un uppercut en el estómago.

romain lewis
Las emociones y el cansancio toman inmediatamente el control de mi ser. No consigo darle las fichas que le debo. No consigo contar las fichas que me quedan. Estoy de todo menos concentrado. En estas que un director de torneo viene a ayudarme. Las fotos de los periodistas se suceden. Necesito andar un poco. No me apetece estar presente en todo esto. Intento respirar profundamente sin cruzar las miradas. Me falta poco para ponerme a jugar y tan solo quedan cuarenta minutos para cambiar de nivel. ¡Tengo que seguir jugando! No juego la siguiente mano y vuelvo a la escena. Debí comer un poco esta mañana, pero no tenía hambre. Le pido al coach un plátano. Eso ayudará.

Ya pasó el ecuador de la jornada y me quedan 35 ciegas. Es el torneo de póker más largo del mundo. Paso, paso y paso de nuevo. Me llevo un pequeño bote: un 3-bet seguido de una apuesta de continuación me da aire durante una buena hora. 85 jugadores con vida. Los minutos se suceden, pero las eliminaciones no. Se acerca el dinner-breark. He ganado tres botecitos y he perdido uno. 7 millones de fichas, es decir, entre 40 y 50 ciegas. Qué evento. Qué mezcla de emociones. Vuelvo a la villa compañado de Steph. Repetimos el mismo esquema, pero esta vez sé que tras el descanso cada mano será decisiva. Aunque estoy preparado.

Dos reyes. Hacía tiempo que no veía los monarcas. Resubo en posiciones tempranas. Los cinco jugadores que siguen entregan sus cartas. Mi amigo Romaine, en la ciega pequeña, coloca todas sus fichas en el medio. Una noticia excelente. Tan solo queda Mario, un simpático jugador español en la ciega grande. Mi corazón comienza a latir de nuevo. ¿Por qué Mario no ha entregado sus cartas? Tiene un stack más débil que Romaine. Creo que lleva unas 30 ciegas. No podré tirarme si va. Si Mario va yo iré. Baja la cabeza y acepta que su destino está en las manos del crupier. Romaine enseña As-Rey y Mario As-As. Cierro los ojos. El bote de 12 millones va a parar a las manos del español; me quedan tres millones (14 ciegas).

romain lewis
Mi aventura termina poco después contra este mismo jugador: no consigo mejorar mi rey-dama contra las dos Jotas de Mario. Es el fin. Termino 60º. En el rail, a algunos metros de la mesa, John (Therme), Erwann (Pécheux) y Alex (Reard) me esperan. Con ellos también dejo la sala. Estoy realmente abatido. El escenario es demasiado violento para mí y no consigo contener las lágrimas. Informo al equipo de periodistas de Winamax de lo que acaba de suceder y me voy. Lo único que me apetece es estar en la villa y comerme un buen sándwich. El hambre vuelve, pero mis fichas no lo harán. El hecho de pensar en poner un tuit me da escalofríos. La sensación es agridulce. Nadie se apunta a un torneo de póker para quedar 60º. Nadie puede asegurarme que lograré llegar tan lejos. ¿Pero quién sabe? Por eso este juego es tan bonito. El balance estival será positivo en todo caso. Espero que a Iván le vayan mejor las cosas. Es su último día.

Mañana tengo que ver al coach para analizar lo ocurrido. Es importante para él. No quiere que las cartas tengan la última palabra. Quiere que sea yo. Los dos estamos de acuerdo.

Romain Lewis 


rLewis

Joven y talentoso, acumula buenos resultados tanto live como online. Una estrella que no deja de brillar.

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