[Blog] Las manos más locas de mi carrera (1ª parte)

Por dentro

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¡Hola a todo el mundo! Teniendo en cuenta que ya llevo más de un año vistiendo los colores del Team Winamax, me he animado a escribir una entrada en la que hago un repaso a mis jugadas más rocambolescas. Entre el póker amateur, de club y profesional, he tenido la oportunidad de vivir manos divertidas, bad beats, good beats, jugadas venidas de otro planeta y otras que jamás deberían haber existido.  Esta es la razón que me hace amar este juego: una vez que has recibido tus dos cartitas boca abajo, ¡nunca se sabe cómo saldrá la cosa!

Durante esta primera parte del Blog abordaré ese periodo en el que aún no era profesional. Por favor, no me juzguéis, sacad las palomitas y ¡empezad a disfrutad del espectáculo!

Las primeras alegrías en Gujan

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Volvamos en el tiempo. Sábado 23 de septiembre de 2014 en Gujan-Mestras. El sol acaba de ponerse poco después del estallido de la burbuja del Main Event del DSO y me encuentro en plazas pagadas del que es mi primer gran torneo en vivo. Tengo 19 años y la idea de jugar un torneo de póker a 550 € me parecía impensable tiempo atrás. Tras un año de entrenamiento en Pokersphere, un muy buen amigo mío me banca para este evento. "¡Qué colgado!", me dije. Me acuerdo que los 38 € que tenía en la cuenta era lo que me quedaba de los 100 euros que mi madre me había regalado por mi cumpleaños dos meses antes. Aún recuerdo los nervios a flor de piel durante toda la jornada.

Quedan alrededor de 28 jugadores, nos hemos asegurado 1.300 pavos y empiezo a estar ya sobre una nube. 650 € en la buchaca: lo que me asegura un año entero de farra con los colegas y me quedan aún 18 ciegas. Todo va bien hasta que el jugador a mi derecha nos comenta que debe dejar el torneo. Aparentemente está harto y no quiere perder el último tren de Gujan, que sale en media hora. Me digo: "¿Alguien se va a tragar eso?" Evidentemente, no me lo creo para nada y le sonrío cuando me lo comenta. Salvo que, contra todo pronóstico, hace all-in tres manos consecutivas, pasa de 10 a 15 BB y nos enseña j3o a la tercera mano. Después de presenciar todo eso empiezo a pensar que el amigo no está muy allá.

En la mano siguiente, un jugador bastante activo abre UTG y mi mirada se posa sobre el jugador impaciente. Muestra sus cartas y veo un 43o. "I’m all in!", le escucho decir. Tragando saliva, me repito que este es mi spot, que el jugador UTG no me pagará jamás y ahora es cuando hay que dar un paso al frente. Después de todo, en una de las peores manos del juego, es el momento perfecto para hacer crecer mi stack.

Yo tengo 76o. No es la situación soñada y me lo pienso. Sé que él tiene 43o, pero mi mano es un poco mala y queda el tercer jugador aún no ha hablado. Es el segundo torneo en vivo de mi vida y no quiero parecer ridículo. Además, siento como algunos de mis amigos no se pierden detalle de lo que está pasando, entre ellos el que me ha banqueado. "I’m all in", señor croupier. Fold, fold, fold y…, se lo piensa el UTG. ¡El horror! ¡Ya ha decidido! Y foldea boca arriba una pareja de sotas. Tras lo sucedido, me doy cuenta poco a poco del riesgo que acabo de tomar, pero al final sale bien. Ahora es el momento en el que mostramos nuestras cartas. Evidentemente, espero a que el señor enseñe las suyas para gastarme el call de mi vida y… No tiene 43o, no lo había visto bien. Gira A3o. ¿Os acordáis de la bola que se os hacía en el estómago cuando el profesor de lengua anunciaba en voz alta las notas?  "¡Lewis: 5!". Pues eso, la misma sensación. Yo saco 76o y todos mis amigos se acercan a mirar incrédulos. Un board inofensivo más tarde y desciendo a 3BB. Nada mal, ¿no? Pero no os echéis a llorar aún, ya que triplico la mano siguiente y termino runner-up por 20.000 euros. ¡Qué manera de comenzar mi carrera! De cualquier manera, en el póker, como ya sabéis, las alegrías duran poco. Sin embargo, esta mano en particular, la conservaré en mi memoria para siempre.

Cry me a river

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 Meses más tarde, nos encontramos en Gruissan para jugar mi tercer torneo a 550 € y mi segunda mesa final. ¡Un escándalo, vamos! Las sensaciones son las mismas que las de Gujan, pero las ganas de saber si mi suerte es o no flor de un día son más fuertes. Tengo la oportunidad de llevarme esta vez más de 40.000 €, aunque el nivel de la mesa final es más alto que en ocasiones anteriores y los stacks están muy nivelados.

De hecho, los recuerdos están muy vivos. Quedan siete jugadores en liza y un jugador ya entrado en años llamado André Comemale es la diana de los dos jugadores mejores de la mesa: Jérémy Palvini y Julià Vassort. André abre una primera vez, se lleva un 3bet de Julià y se lo piensa (todo el mundo tiene alrededor de 25 ciegas). Julià da a entender que tiene un monstruo, André pasa y se muestra AQo. Todo el mundo entiende que era un 3bet fold y Julià se lleva el bote con una sonrisa de oreja a oreja. En la siguiente mano, André abre UTG+1 y recibe un 3-bet, esta vez de Jeremy. Nuevo tank de nuestro amigo. Jeremy le dice textualmente: “Yo no soy un gili******, no voy a enseñaros AQ.” André foldea y Jeremy gira una pareja de 6.

Por su reacción, me di cuenta de que la mano de André era mucho mejor y parecía estar perdiendo el control de sus emociones. En la siguiente mano, tengo A 10  UTG y decido abrir. Es el momento que André elige para ir all-in sus 22 ciegas a la velocidad de la luz. Es mi turno. Y ahora es cuando todos estaréis pensando: “¡Romain, por favor, ¡eso es un instafold!” Pero ya sabéis que, en el póker, si no foldeas rápido, el cerebro entra en un bucle.

El problema es que solo tenía 25 ciegas en este momento, y si no tuviera ni idea de lo que es el ICM hubiera hecho fold. No dejaba de pensar… “¿Crees tener mejor mano que él? Y si es así, ¿crees tener lo que hay que tener para pagarle?”. Este diálogo duró más o menos 10 minutos. Os lo digo en serio. Debía de haber cerca de 30 personas alrededor de la mesa, mis rivales se habían levantado (aunque todavía no habían hablado), pero nadie llamó al tiempo.

Entonces, alguien desde el público dijo: “¡Si ha “tankeado” tanto tiempo no es para hacer fold!”. Y la verdad es que tenía bastante razón, unos segundos después anuncié mi call. Instafold del resto de la mesa y André mostró KJo. Mi corazón latía a 562 pulsaciones por minuto y todavía recuerdo la cara del crupier. No es el típico que muestra el flop de golpe, sino que es de los que muestra carta a carta, consciente de la importancia de la mano y de la expectación que eso genera.

La primera carta era un 8 . Todo perfecto si no sale un rey o una sota. Veamos el resto. Segunda carta: 4 . Ok. Tercera carta: 4  . Un flop excelente. No hay reyes, no hay sotas, quedan menos cartas por jugarse.

El turn es un brick. Unos minutos más tarde, con un movimiento de brazo perfectamente coordinadado y mucha elegancia, el crupier muestra un K  en el river.

Aún recuerdo el ruido de la carta al caer en el tapete. Me sentía destrozado. La recompensa económica solo se valora después. Durante el cuarto de hora siguiente sentí este river como una muerte interior. Todas mis esperanzas se desvanecían y las emociones acumuladas durante los 3 días de duración del torneo salieron a flote. No quería mostrar mis emociones en público, así que me fui rápido de la sala tras mi eliminación y lloré sobre el hombro de John, uno de mis amigos.

Poca gente puede comprenderlo, pero mentalmente, nos dedicamos a un juego con una gran complejidad. Acababa de ganar 9.000 €, pero me sentía como si me hubieran dado una noticia horrible. Ahora sé que fue un error de mi parte, pero en ese momento sentía que era algo injusto. Al año siguiente volví a realizar una actuación notable. Menos mal, porque estuve mucho tiempo dándole vueltas en mi cabeza a esta jugada. No soy un pro y tampoco tengo intención de serlo, pero tenía un regusto amargo.

La locura irlandesa

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Cambiemos completamente de ambiente y retrocedamos al año 2015, WPO de Dublín. Tras una semana de bastante agitación, me dispuse a jugar el Irish Poker, el último torneo de 100 € del festival. Mi balance era de cuatro torneos y ningún premio; a nivel pokerístico una auténtica pesadilla, pero en Dublín no es lo más importante. 

No, aquí lo más importante es el número de cervecitas que te tomas al día. Comenzando con una base de 4 o 5, te das cuenta de que al final de la semana te acabas tomando muchas más. Es una regla. Pero bueno, cuando estoy jugando lo evito.

Bueno, a lo que íbamos, llegué a la mesa final de este torneo. El Irish es una modalidad un poco diferente del Hold’em tradicional, porque se reciben cuatro cartas preflop. Hay una primera ronda de apuestas y en el flop tienes que descartar dos de tus cartas. La continuación de la mano se desarrolla de la manera tradicional.

Eran las 3 de la mañana y solo quedábamos una decena de jugadores en la sala, mientras que el resto de la gente se divertía en la Leisure Room. De vez en cuando, algún curioso se paseaba por allí para echar un vistazo por el torneo, aunque en la final había un numeroso grupo de espectadores. Sin ninguna duda, es el mejor ambiente en el que he jugado, parecía la final de la Champions.

Me acuerdo de una mano que jugué para hacer disfrutar a la hinchada. Subí una mano mediocre preflop, y en el flop no ligué nada. Llegó el momento de elegir las cartas con las que me quedaba, y me quedé con una miserable pareja de 2 en un board bastante peligroso y conectado. Me acuerdo que elegí mis cartas bastante rápido para que todo el mundo pensara que mi decisión era rápida porque tenía una buena mano ligada. No me acuerdo de lo que salió, pero sí de mis acciones. Hice una gran apuesta en el turn y all-in en el river. Todos los espectadores esperaban con impaciencia durante el larguísimo tank de mi adversario, un sueco. Uno de sus compatriotas, Adrien Guyon empezó a cantar “SUEEEEEEEEEEEECIA, SUEEEEEEEEEEEECIA”; pero su patriotismo no le impidió unirse a la fiesta cuando mi adversario foldeó y yo enseñé el farolazo que me acaba de marcar.

Creo que esta ha sido la única mano de mi vida en la que mi objetivo era hacer vibrar a mis amigos, pero valió la pena. El director del torneo irlandés, al que todavía me cruzo muy a menudo, me recuerdo esta escena cada vez que nos encontremos. Es mítica. Me acabé llevando el torneo, y aunque solo fuera la “pequeña” cantidad de 4.695 € sigue siendo uno de mis recuerdos más bonitos.

Poco importa si es un pinchazo de 6 cifras o mis 4.700€, las victorias son victorias y, realmente, muchos de nosotros jugamos a esto por las sensaciones increíbles que esto nos ofrece.

He disfrutado mucho escribiendo este blog, porque no solemos reflexionar sobre los momentos más intensos de nuestras carreras. Puede ser para no parecer un quejica cuando recibimos un bad beat o un vanidoso cuando hacemos el call de nuestra vida. Pero hay que saber compartir nuestras emociones, para aceptarlas y avanzar en nuestra carrera, sea cual sea nuestra disciplina. En la segunda parte de este blog, os seguiré hablando de algunas de las jugadas más gordas de mi carrera Pro.

Un abrazo a todos y nos vemos pronto con la segunda entrega. ¡Hasta luego!


rLewis

Joven y talentoso, acumula buenos resultados tanto live como online. Una estrella que no deja de brillar.

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